Después de meses de inactividad, compartimos esta digitalización de un libro fundamental para la formación en los tiempos de crisis, y de pérdida de horizonte estratégico-socialista, que vivimos: «El pensamiento del Che Guevara», escrito por el intelectual y militante (eco)socialista Michael Lowy.
Asumir la rebeldía del Che, bajo la égida de la independencia política e ideológica de clase, es hoy una necesidad. Por eso les invitamos a leer y difundir este valioso material:
¡Camaradas obreros! Se acerca el Primero de Mayo, día en que los obreros de todos los países conmemoran su despertar a una vida con conciencia de clase, su solidaridad en la lucha contra toda violencia y toda opresión del hombre por el hombre, en la lucha por liberar a millones de trabajadores del hambre, la miseria y la humillación. Dos mundos se alzan frente a frente, en esta grandiosa lucha: el mundo del capital y el del trabajo, el mundo de la explotación y la esclavitud, y el de la fraternidad y la libertad.
Por una parte, hay un puñado de ricos parásitos. En sus manos se concentran los talleres y las fábricas, las herramientas y las máquinas. Han convertido millones de desiatinas de tierra y montañas de dinero en su propiedad privada. Han hecho del gobierno y el ejército sus criados, fieles guardianes de la riqueza que han acumulado.
Por otra parte, hay millones de desheredados, obligados a suplicar a los ricos el permiso de trabajar para ellos. Crean con su trabajo toda la riqueza, mientras ellos mismos tienen que luchar toda la vida por un pedazo de pan, mendigar el trabajo como una limosna, agotar sus fuerzas y arruinar su salud en trabajos insoportables, pasar hambre en las chozas de las aldeas y en los sótanos y buhardillas de las grandes ciudades.
Pues bien, estos millones de trabajadores desheredados han declarado la guerra a los ricos y explotadores. Los obreros de todos los países luchan por emancipar al trabajo de la esclavitud asalariada, de la miseria y la indigencia. Luchan por una organización de la sociedad en la que las riquezas creadas por el trabajo común beneficien a todos los trabajadores, y no a un puñado de ricos solamente. Quieren que las tierras, las fábricas, los talleres y las máquinas se conviertan en propiedad común de todos los que trabajan. Quieren que no haya ricos ni pobres, que los frutos del trabajo sean de los mismos trabajadores, que todas las conquistas de la inteligencia humana y todos los perfeccionamientos en los métodos de trabajo sirvan para aliviar la vida del que trabaja, y no como instrumento de su opresión.
La grandiosa lucha del trabajo contra el capital ha costado ya inmensos sacrificios a los obreros de todos los países. Éstos han vertido ríos de sangre por defender su derecho a una vida mejor y a la verdadera libertad. Innumerables son las persecuciones que los gobiernos desencadenan contra los combatientes por la causa obrera. Pero la unidad de los obreros de todo el mundo crece y se fortalece, pese a todas las persecuciones. Los obreros se unen cada vez más estrechamente en sus partidos socialistas, el número de los que militan en sus filas suma ya millones, y avanzan paso a paso, inconteniblemente, hacia la victoria total sobre la clase de los capitalistas explotadores.
También el proletariado ruso ha despertado a una nueva vida. También él se ha incorporado a esta grandiosa lucha. Han pasado los tiempos en que nuestros obreros doblaban sumisamente el espinazo, sin ver una salida a su situaciónde sojuzga-miento ni un rayo de luz en su amarga vida. El socialismo les ha mostrado esa salida, y miles y miles de combatientes se agrupan bajo la bandera roja, levantando los ojos hacia ella como hacia su estrella polar. Las huelgas han mostrado a los obreros la fuerza de la unidad, les han enseñado a oponer resistencia, han revelado qué amenaza puede representar para el capital los obreros organizados. Los trabajadores han comprobado cómo de su trabajo viven y se enriquecen los capitalistas y el gobierno. Se ha encendido en ellas el deseo de luchar unidos, la aspiración a la libertad y el socialismo. Comprenden qué fuerza tan funesta y sombría es la autocracia zarista. Los obreros necesitan libertad para su lucha, y el gobierno zarista los ata de pies y manos. Necesitan libertad de reunión, libertad de asociación, libertad para publicar periódicos y libros, y el gobierno zarista aplasta con la cárcel, el látigo y las bayonetas todas las aspiraciones de libertad. El grito «¡Abajo la autocracia!» resuena a lo largo y ancho de Rusia. Se repite cada vez con mayor frecuencia en las calles y en multitudinarias asambleas de obreros. En el verano pasado decenas de miles de trabajadores en todo el sur de Rusia, se pusieron en pie para luchar por su vida mejor, por liberarse del despotismo policíaco. La burguesía y el gobierno se estremecieron ante el formidable ejército obrero, que de un solo golpe paralizó toda la industria de enormes ciudades. Decenas de combatientes por la causa obrera cayeron bajo las balas de las tropas zaristas, movilizadas contra el enemigo interno.
Pero no hay fuerza que pueda vencer a este enemigo interno, porque su trabajo es lo único que sostiene a las clases gobernantes y al gobierno. No hay en el mundo fuerza capaz de aplastar a millones de obreros, cada vez más concientes, unidos y organizados. Cada derrota de los obreros incorpora a nuevos destacamentos de combatientes, despierta a masas cada vez más amplias a la nueva vida y las impulsa a prepararse para nuevas luchas.
Y Rusia vive ahora acontecimientos en los que este despertar de las masas obreras tendrá que cobrar inevitablemente un ritmo más rápido y mayores proporciones, en que debemos concentrar todos nuestros esfuerzos para unir las filas del proletariado y prepararlo para una lucha todavía más decisiva. La guerra hace que aun las capas más atrasadas del proletariado se interesen por los asuntos y los problemas políticos. Pone al descubierto con creciente claridad y profundidad toda la podredumbre del régimen autocrático, la absoluta criminalidad de la banda policíaca y palaciega que gobierna a Rusia. Nuestro pueblo se hunde en la miseria y muere de hambre en su país, y lo arrastran a una guerra devastadora e insensata por la conquista de nuevas tierras extranjeras, pobladas por razas extrañas y situados a miles de verstas de distancia. Nuestro pueblo vive aplastado bajo la esclavitud política, y lo arrastran a laguerra para esclavizar a otros pueblos. Nuestro pueblo exige la trasformación del orden político interno, y se procura desviar su atención con el estampido de los cañones en el otro confín de la tierra. Pero el gobierno zarista ha ido demasiado lejos en su juego de azar, en su criminal despilfarro del patrimonio nacional y de las fuerzas de la juventud, que perecen en las playas del Océano Pacífico. Toda guerra pone en tensión las fuerzas del pueblo, y la difícil guerra contra el culto y libre Japón exige de Rusia una gigantesca tensión de fuerzas. Y esto, en un momento en que el edificio del despotismo policíaco ha comenzado ya a vacilar bajo los golpes del proletariado que despierta. La guerra descubre los puntos débiles del gobierno, desgarra los rótulos mentirosos, revela toda, la podredumbre interior, hace que lo absurdo de la autocracia zarista resulte evidente para todos, pone de relieve ante todo el mundo la agonía de la vieja Rusia, de la Rusia cuyo pueblo carece de derechos y está sumido en la ignorancia y el temor, de la Rusia reducida por el gobierno policíaco al sojuzgamiento de la servidumbre.
La vieja Rusia agoniza. Una Rusia libre viene a ocupar su lugar. Las fuerzas oscuras que sostenían a la autocracia zarista, se hunden. Pero sólo el proletariado conciente y organizado podrá asestarles el golpe de muerte. Sólo el proletariado conciente y organizado podrá conquistar para el pueblo la verdadera libertad, no una libertad falsificada. Sólo el proletariado conciente y organizado podrá desbaratar todo intento de engañar al pueblo, de coartar sus derechos, de convertirlo en mero instrumento en manos de la burguesía.
¡Camaradas obreros! ¡Preparémonos con redoblada energía para el combate decisivo que se acerca! ¡Que se estrechen las filas de los proletarios socialdemócratas! ¡Que su voz se propague con amplitud cada vez mayor! ¡Que la agitación en torno de las reivindicaciones obreras se despliegue cada vez con mayor audacia! ¡Que la celebración del Primero de Mayo atraiga a nuestra causa miles de nuevos combatientes y engrosé nuestras fuerzas en las grandiosa lucha por la libertad de todo el pueblo, por la emancipación de todos los trabajadores del yugo del capital!»
¡Viva la jornada de trabajo de ocho horas!
¡Viva la socialdemocracia revolucionaria internacional!
¡Abajo la criminal y bandidesca autocracia zarista!
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¿No puede usted resolver un problema? ¡Pues bien, póngase a investigar su situación actual y sus antecedentes! Cuando haya investigado cabalmente el problema dejándolo claro, sabrá como resolverlo. Toda conclusión se saca después de haber investigado, y no antes. Únicamente un tonto, solo o reuniendo a un grupo de gentes, se devana los sesos para “encontrar una solución” o “elaborar una idea” sin hacer ninguna investigación. Debe subrayarse que esto no conducirá en absoluto a ninguna solución eficaz, a ninguna idea provechosa. En otras palabras, lo único que puede hacer ese tonto es deducir soluciones erróneas, ideas equivocadas.
No son pocos los inspectores, jefes de guerrillas y cuadros recién nombrados que gustan de hacer pronunciamientos políticos apenas llegan a un lugar, y se pavonean criticando esto y censurando aquello cuando sólo han visto algunas apariencias o detalles menores de las cosas. En realidad nada hay más detestable que esa manera puramente subjetiva de decir disparates. Sin duda, esa gente estropeará las cosas, perderá la confianza de las masas y no será capaz de resolver ningún problema.
Muchos de los que ocupan cargos dirigentes se limitan a exhalar suspiros ante los problemas difíciles, sin poder resolverlos. Pierden la paciencia y piden ser trasladados, alegando que por falta de capacidad no están a la altura de su trabajo. Estas son palabras propias de cobardes. Pues bien, ponga usted los pies a andar, recorrer cada sector o lugar que se encuentre bajo su responsabilidad y “pregúntelo todo”, como hacía Confucio, y entonces, por más pobre que sea su capacidad, sabrá encontrar soluciones, pues si antes de salir de la oficina no hay nada en su cabeza, de regreso ésta ya no se hallará vacía, sino provista de todo tipo de materiales necesarios para la solución de problemas; es así como éstos se resuelven. ¿Es indispensable salir? No forzosamente. Puede usted convocar a una reunión de investigación a personas familiarizadas con la situación, a fin de hallar el origen de ese que usted considera un problema difícil y enterarse de su estado actual; entonces le será fácil resolverlo.
La investigación se asemeja a los largos meses de gestación, y la solución del problema, al día del parto. Investigar un problema es resolverlo.
La humanidad, que tan rápidamente se internacionaliza, no tiene todavía un día de fiesta universal, ecuménica. Navidad es una fiesta del mundo cristiano, del mundo occidental. El Año Nuevo es una fiesta de los pueblos que usan el calendario gregoriano. A medida que la vinculación internacional de los hombres se acentúa, el calendario gregoriano extiende su imperio. Aumenta, en cada nueva jornada, el número de hombres que coinciden en la celebración del primer día del año. El Año Nuevo, por ende, parece destinado a universalizarse. Pero el Año Nuevo carece de contenido espiritual. Es una fiesta sin símbolo, una fiesta del calendario, una fiesta nacida de la necesidad de medir el tiempo. Es una efemérides anónima. No es una efemérides cristiana como Navidad.
Navidad es festejada como una efemérides cristiana. Mas, en Europa y en Estados Unidos, su sentido y su significado se han renovado y ensanchado gradualmente. Hoy Navidad es, sobre todo para los europeos, la fiesta de la familia, la fiesta del hogar, la fiesta del home.2 Es la fiesta de los niños, entre otras cosas, porque en los niños se renueva, se prolonga y retoña la familia. Navidad ha adquirido, entre los europeos, una importancia sentimental, extra-religiosa. Creyentes y no creyentes celebran Navidad.
Navidad, por eso, tiene en Europa mucha más trascendencia y vitalidad que las fiestas nacionales. Las fiestas nacionales son sustancialmente fiestas políticas, de suerte que están reservadas casi exclusivamente a una celebración oficial. No suscitar entusiasmo sino entre los parciales, entre los prosélitos del hecho político, de la fecha política que conmemoran. En Francia, por ejemplo, el 14 de julio no apasionó casi sino a los funcionarios de la Tercera República. La izquierda —el socialismo y el comunismo— no se asocia a los festejos oficiales. La extrema derecha —nobles y camelots du roi3— consideran el 14 de julio como un día de duelo. En Italia, el 20 de setiembre tiene una resonancia social más limitada todavía. Dos partidos de masas; el socialista y el popular, no se asocian a la conmemoración de la toma de la Ciudad Eterna. Los socialistas miran el 20 de setiembre como; una fiesta dé la burguesía. Y el Partido Popular es un partido católico que debe mostrarse fiel al Vaticano. En Alemania el aniversario de la revolución es más popular, porque la revolución cuenta con la solidaridad de todos los adherentes a la República y de todos los adversarios de la monarquía. Los demócratas, los católicos, los socialistas y los comunistas se sienten, por diversas razones, más o menos solidarizados con el 9 de noviembre.
II
En tanto, Navidad es en Europa una fiesta a la cuál se asocian los hombres de todas las creencias y de todos los partidos.
La costumbre establece que la Cena de Navidad reúna, sin que falte uno solo, a cada familia. Los empleados y obreros que tienen a sus familias en pueblos lejanos, se ponen en viaje anticipadamente para arribar a sus hogares antes de la noche de Navidad.
Las sesiones de las cámaras se clausuran con la debida oportunidad para que los diputados puedan estar en sus pueblos el 24 de diciembre. La facilidad de los transportes permite, a todos los viajeros, estas vacaciones.
Los ausentes forzosos telegrafían o telefonean en la noche del veinticuatro, a sus casas distantes, para que la familia los sienta espiritualmente presentes.
Navidad por su carácter, no es, consiguientemente, una fiesta de la calle sino una fiesta íntima. Navidad se festeja en el hogar. El veinticuatro de diciembre, los bazares y las tiendas rebozan de compradores. Todo el mundo se provee de golosinas y de juguetes para sus niños. Los escaparates aladinescos, pletóricos, resplandecientes; los nacimientos, los árboles de Navidad y los viejos Noel cargados de bombones; la muchedumbre que hace sus compras; los hoteles y los restaurantes de lujo que se engalanan para la cena de nochebuena; he ahí los únicos aspectos callejeros de Navidad. Navidad es una fiesta hogareña, familiar, doméstica. Los que no tienen nido, los que carecen de familia se reúnen y se divierten entre ellos. Forman las clientelas de las cenas de los restaurantes y de los cabarets. Y de los niños sin hogar se ocupa la generosidad de los espíritus filantrópicos. Abundan instituciones que regalan juguetes, trajes y dulces a los huérfanos.
En Francia, Noel, la nuit de Noel,4 tiene un eco popular enorme. El reveillon,5 es uno de los grandes acontecimientos del año en la vida íntima francesa. Los niños colocan sus zapatos en la ventana en la noche de Navidad para que Noel deposite en ellos sus etrennes.6
En Alemania no hay familia que no prepare su árbol de Navidad. El Weilnachtbaun (árbol de Navidad) es generalmente un pequeño pino adornado de estrellas, bombitas, bujías de colores, etc., Bajo el Weilnachtbaun se ponen los regalos. A las doce de la noche encienden las bujías y las luces de bengala del árbol de Navidad. Todos se abrazan y se besan y se cambian regalos. Luego se sientan en torno de la mesa dispuesta para la cena. Y antes y después de la cena cantan canciones de Navidad. Algunos de los Weinachtliedér7 tradicionales son excepcionalmente bellos.
III
Y así en los demás países de Europa, lo mismo que en los Estados Unidos, la fiesta de Navidad es celebrada con verdadera efusión familiar. Como en la noche en que Jesús nació en un establo, en la Navidad europea nieva casi siempre. El frío y la nieve de la calle aumentan, por tanto, la atracción del hogar, del home, donde la chimenea arde muy cerca de un árbol de Navidad o de un barbudo Noel de chocolate cubiertos de nieve. La tradición y la literatura pascuales hacen de la nieve un elemento decorativo indispensable de la noche de Navidad. El escenario de Navidad nos parece necesariamente un escenario de invierno.
Probablemente, por esto, la fiesta de Navidad tiene entre nosotros un sabor, un color y una fisonomía distintos. Navidad es aquí, al revés que en los países fríos, más una fiesta de la calle que una fiesta del hogar.
La clásica nochebuena limeña es bulliciosa y callejera. La cena íntima, hogareña, carece aquí del prestigio y de la significación que en otros países. Y, por esto, Navidad no representa para nosotros lo que representa espiritualmente para el europeo, .para el norteamericano: la fiesta del hogar. Nuestra posición geográfica es culpable de que tengamos una navidad bastante desprovista de su carácter tradicional. Una Navidad estival que no parece casi una Navidad.
Algo de nieve y algo de frío en estos días de diciembre harían de nosotros unos hombres un poco más sentimentales. Un poco más sensibles a la emoción del hogar y de la familia y al encanto cándido de los villancicos. Un poco más ingenuos e infantiles, pero también un poco mejores y, tal vez, más felices.
NOTAS:
1 Inicialmente publicado en Información (Lima, 25 de diciembre de 1923), bajo el título de Navidad en nuestra época. Trascrito, con el epígrafe definitivo, en Mundial Lima, 25 de diciembre de 1925. En la antología publicada por Alberto Tauro, bajó el título de Navidad en la literatura peruana (Lima, Editorial Huascarán, 1948), pp. 117-123. Y en Cultura Peruana: Nº 45; Lima, noviembre-diciembre de 1950.
La Revolución de Octubre de 1917 fue, es y será uno de los acontecimientos más importantes en la historia de la humanidad. Tal como fue prometido por este blog hace un par de meses, se libera y difunde la antología que realizó la editorial Fontamara, en 1977, a propósito de los textos que escribió Trotsky sobre la Revolución Rusa (exceptuando su monumental Historia de la Revolución Rusa, de suyo).
Libro liberado en PDF para su difusión y consulta. Puede descargarse aquí:
A Pineda. «Lecciones de la lucha revolucionaria en China.» Documentos Políticos 19 (1960).
Buenaventura, Nicolás. ¿Qué pasó camarada? Bogotá: Ediciones Apertura, 1992.
—. «Memoria de Anteo Quimbay.» Documentos Políticos 86 (1970).
Cardona H, José. «Las divergencias en el movimiento comunista internacional.» Documentos Políticos N° 57 (1966).
Castro, Gustavo. «El dogmatismo de los camaradas Chinos.» Documentos Políticos Nº 34/35 (1963).
Chen, Po-ta. «La Doctrina de Mao Tse-tung sobre la aplicación del marxismo-leninismo a la revolución China.» PCC. La Nueva Democracia China. Bogotá: Graficas Centauros, 1952. 58-59.
Chia-hsiang, Wang. «La significación internacional de la victoria del pueblo chino.» PCC. En El gran salto adelante. Diez estudios sobre la República Popular China, eds. Partido Comunista de Colombia. Bogotá: Paz y Socialismo, 1960.
Correa, Carlos. «La nueva democracia.» Documentos Políticos 11 (1958).
Liu, Shao-chi. El Partido de la Revolución China. Bogotá: Gráficas Centauros, 1951.
—. «El sectarismo de puesta cerrada y el aventurerismo.» Documentos Políticos 4 (1957).
—. «El Triunfo del marxismo leninismo en China.» PCC. El gran salto adelante. Diez estudios sobre la República Popular China. Bogotá: Paz y socialismo, 1960.
—. «Primero de enero de 1959. Cuba.» Documentos Políticos 17 (1960).
—. «Respuesta al camarada B. M. Rivero sobre el dogmatismo.» Documentos Políticos 5 (1957).
Deng, Siao-ping. «La gran unidad del pueblo chino y la gran unidad de los pueblos del mundo.» PCC. El gran salto adelante. Diez estudios sobre la República Popular China. Bogotá: Paz y socialismo, 1960.
Liu, Shao Chi, Chou En Lai y Otros. El gran salto adelante. Diez estudios sobre la república Popular China. Bogotá: Ediciones Suramérica, 1960.
Mikoyan, A.I. «La experiencia del frente único de china (1).» Documentos Políticos 5 (1957).
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—. «La unidad del Partido y el fraccionalismo.» Tareas, N° 33 (1964).
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A cuarenta años de la voraz erupción del Nevado del Ruiz que arrasó, luctuosamente, con el municipio de Armero y buena parte de su población, compartimos dos documentos elaborados por el CINEP en la década de los 80s. Fueron escaneados y digitalizados para su respectiva difusión liberada.
Ambos textos son boletines informativos publicados por el CINEP en el contexto de su «Proyecto Armero», un trabajo organizativo político-popular realizado con los y las proletarias afectadas por la tragedia.
Kwame Ture (nacido Stokely Carmichael), gran orador y activista de los derechos civiles, miembro y «Primer Ministro Honorario» del Black Panther Party (BPP) así como militante del All-African People’s Revolutionary Party (A-APRP), realiza un discurso durante un meeting contra la guerra de Vietnam, en la Maison de la Mutualité en París, Francia, delante de un gran retrato del Che Guevara, el 12 de diciembre de 1967. Junto a él, sentados, se observa a los líderes trotskistas Alain Krivine y Ernest Mandel. Fotografía de Gérard Aime
Publicado enGeneral|Comentarios desactivados en Kwame Ture. Recuerdos de la IV.
«La orientación del III Congreso de la IC choca con una fuerte resistencia en el Partido Comunista Italiano que, por lo específico de su fundación, se situaba en el ala izquierda de la Comintern. En su primer Comité Central estaban representadas tres corrientes: los abstencionistas, los antiguos maximalistas (los que en Livorno se pronunciaron por la aceptación incondicional de las 21 condiciones) y el antiguo grupo «Ordine Nuovo». Los antiguos maximalistas formaba el ala derecha del partido; en el Comité Central estaban representados por Tasca, Graziadei y Bombacci. Los ordinvistas estaban representados por Gramsci y Terracini; la mayoría del Comité Central, al igual que la de todo el Partido, la formaban los abstencionistas; su líder, Bordiga, llegó a ser el dirigente número uno del Partido. Las diferencias entre la plataforma de los abstencionistas y la de los ordinovistas pasan, en la primera etapa de existencia del PCd’I, a segundo término (…). Bordiga rechazaba la política del Frente Único y Gramsci y sus compañeros de Turín se solidarizaron con él. Y así ocurrió que, en enero de 1922, el consejo nacional del PSI se pronunció por una acción unitaria de todas las fuerzas proletarias contra la violencia burguesa, mientras los comunistas, por aquel entonces, rechazaban la unidad de acción. Igualmente, en los partidos comunistas de Francia, Polonia y otros, la línea del III Congreso tropezaba con la no aceptación.»
— Milos Hájek, «Historia de la Tercera Internacional», Ed. Crítica, pp. 43-44
FOTO: Delegados del Partido Comunista Italiano al IV Congreso de la Internacional Comunista que tuvo lugar en Moscú, entre el 30 de noviembre y el 5 de diciembre de 1922.
Publicado enGeneral|Comentarios desactivados en La negativa del Partido Comunista Italiano al Frente Único
«En su discurso de clausura de la Conferencia Tricontinental celebrada en La Habana (…), Fidel Castro lanzó un furibundo ataque contra el movimiento guerrillero guatemalteco (MR-13) dirigido por Antonio Yon Sosa (…).
El discurso de Castro tiene un aspecto que resulta más que desagradable, casi siniestro. Su ataque contra el MR-13 se apoya enteramente en dos posiciones: primera, que ese movimiento está infiltrado por los trotskistas y tiene un programa trotskista; y, segundo, que los trotskistas son agentes del imperialismo. Si la segunda afirmación fuera cierta, la primera resultaría, desde luego, un anatema demoledor contra el MR-13. Pero la acusación no tiene el menor fundamento, como debe saberlo cualquiera que haya estudiado seriamente la historia del movimiento comunista desde la Revolución de Octubre hasta la fecha. Fue precisamente esta acusación la que sirvió para fundamentar las purgas soviéticas de los años 30. Si algo ha sido probado -incluso por el propio gobierno soviético- es que aquellos procesos entrañan una vergonzosa falsificación; y desde aquel entonces no se ha producido evidencia alguna capaz de devolver a la acusación su verosimilitud. Reproducirla hoy es indicio inequívoco de ignorancia o de malicia. Por nuestra parte, preferimos creer que en esta materia el propio Fidel es un ignorante, y que la malicia procede de asesores que nunca renunciaron a las actitudes y los métodos característicos de aquellos procesos. De ser así, le conviene a Fidel hacerse del tiempo necesario para emprender un estudio serio de la historia de un movimiento dentro del cual él, por razones que en nada le desmerecen, es un recién llegado (no podría hacer nada mejor que empezar por el brillante estudio de Isaac Deutscher en tres volúmenes acerca de Trotsky el cual es mucho más que una biografía personal). Mientras tanto, sólo puede uno esperar que el mal ejemplo de Fidel no conduzca al resurgimiento de ese tipo de caza de brujas que tanto desquició y embotó al movimiento revolucionario mundial en la era de Stalin.
En cuanto al resto de la acusación de que hay trotskistas en el MR-13 y de que tiene un programa trotskista, ni sabemos ni nos importa saber cuánto haya en ello de verdad. Para nosotros, la única clase de revolución que tiene alguna perspectiva de éxito en América Latina es, hoy por hoy, una revolución socialista. Creemos haber sido de los primeros en afirmar que la Revolución Cubana se vería obligada a avanzar rápidamente hacia el socialismo so pena de sucumbir. Después de visitar América del Sur en 1963 expresamos en estas páginas nuestra opinión de que en América Latina no existe el llamado feudalismo, y que por lo tanto carece de sentido hablar de una revolución burguesa. Cuando los guerrilleros guatemaltecos, en lucha armada contra la sanguinaria dictadura impuesta a su país por la CIA y la United Fruit, adoptaron un programa que traducía ideas similares, si no idénticas, saludamos el acontecimiento como un avance de dimensiones históricas. Nada de lo sucedido desde entonces, incluido el ataque directo de Fidel Castro, nos ha hecho cambiar de parecer. Si Fidel quiere discutir razonablemente sobre la validez del programa del MR-13, en buena hora lo haga. No dejará de encontrar revolucionarios serios, dispuestos a considerar sus ideas con todo el respeto y la atención que merece el líder de la Revolución Cubana. Pero no debe engañarse creyendo que con meras invectivas va a influir sobre otros que no sean los cobardes y los sicofantes.
Una cosa más, a este respecto: cualquiera sea su rol en Guatemala, lo cierto es que el trotskismo no es una fuerza política grande ni importante en el conjunto de América Latina. Pero si Fidel Castro y los partidos comunistas de América Latina eluden la cuestión del socialismo, y más aún si definen como trotskistas a todos cuantos luchan sin ambages por una revolución específicamente socialista, es indudable que contribuirán a mejorar mucho las perspectivas del trotskismo latinoamericano. Porque la necesidad y la inevitabilidad de la revolución socialista, no para un futuro indefinido sino como la próxima etapa histórica de América Latina, tienen sus raíces en la realidad de esa región subdesarrollada y sometida por el imperialismo. Esto no significa que la revolución socialista se vaya a producir en América Latina mañana mismo o el año que viene: los grandes cambios históricos no se operan de ese modo. Lo único que queremos decir es que ningún otro tipo de revolución es posible en América Latina, y que más tarde que temprano todos los revolucionarios serios tendrán que hacerse cargo de esa verdad.»
— Leo Huberman y Paul Sweezy, «La Tricontinental», en Monthly Review, año III, n°31, abril de 1966, pp. 3-5.
FOTO: Paul Sweezy, Paul Baran y Leo Huberman, miembros de la prestigiosa revista marxista norteamericana «Monthly Review» (fundada en 1949), junto a Fidel Castro en La Habana, Cuba, el primer año de la Revolución, en 1959.
"Pero si construir el futuro y asentar todo definitivamente no es nuestro asunto, es más claro aún lo que, al presente, debemos llevar a cabo: me refiero a la crítica despiadada de todo lo existente, despiadada tanto en el sentido de no temer los resultados a los que conduzca como en el de no temerle al conflicto con aquellos que detentan el poder".
Karl Marx.Carta a Arnold Ruge (09/1843).
La Internacional
"En la ciencia no hay caminos reales, y sólo tendrán esperanzas de acceder a sus cumbres luminosas aquellos que no teman fatigarse al escalar por senderos escarpados".
Karl Marx. Carta.18 de marzo de 1872. Sobre El Capital.